EL ESTADO BORBÓNICO

EL ESTADO BORBÓNICO

 

LA MONARQUIA HISPANICA BAJO LOS AUSTRIAS. LOS CONSEJOS.

La Monarquía española bajo los Austria estaba caracterizada por la existencia de diferentes territorios, cada uno con peculiaridades políticas diferentes y sistemas jurídicos diversos, que los sucesivos reyes habían jurado respetar y conservar al ser coronados.

La capacidad de acción de los monarcas estaba supeditada en numerosas ocasiones a la necesidad de respetar los privilegios de los diferentes reinos. A lo largo del tiempo, la sucesiva creación de órganos especializados denominados Consejos, creados para que suplieran a los de entidad territorial, no mejoraron la situación. En la práctica, los miembros de la Alta Nobleza monopolizaban estos Consejos. Por ejemplo, existía un “Consejo de Castilla”, un “Consejo de Estado” (presidido por el propio Rey), un “Consejo de Indias”, un “Consejo de Flandes”, etc…

Carlos II había muerto proclamando la unidad del imperio español. Pero los Austrias habían sido incapaces de superar dos grandes obstáculos para lograr aumentar el poder de la monarquía:

 

  1. El poder político de la aristocracia.
  2. La autonomía de las regiones.

 

La llegada de un nuevo monarca, Felipe V, no era por sí mismo una garantía de cambio radical. Fueron un cúmulo de factores, la nueva dinastía, la presión de Francia, las necesidades de la guerra y la aparición de una élite burocrática, los que aportaron el impulso necesario para un cambio en el poder hacia el gobierno centralista. Las reformas se realizaron progresivamente, en una primera fase para poder sostener el esfuerzo bélico, y posteriormente, en tiempo de paz, siguiendo un programa político que perseguía aumentar el poder del Rey.

 

FELIPE V Y SUS NOBLES: TODA LA POMPA, NADA DEL PODER.

El primer objetivo de Felipe V fue dejar claro que la corona era más fuerte que sus súbditos más poderosos, es decir la alta nobleza, los llamados Grandes de España. En su enfrentamiento con la aristocracia, el rey y sus consejeros pretendían reducir el poder político de la nobleza, si bien manteniendo sus privilegios.

De hecho, Luis XIV remitió estas instrucciones a su embajador en Madrid, en relación con los nobles: “es conveniente preservar todas las prerrogativas externas de su rango, y al mismo tiempo excluirlos del conocimiento de todas las materias que puedan aumentar su prestigio o darles parte del Gobierno.”

 

Durante el reinado de Felipe V se crearon  200 nuevos títulos de nobleza, como pago por la lealtad y los servicios prestados, lo que suponía crear una nueva nobleza estrechamente ligada al Rey.

En el ámbito de las instituciones, la novedad más importante fue la creación del “Despacho” (un embrión de los actuales ministerios) a expensas de los Consejos. El reinado comenzó con la aparición del Despacho como institución clave, en la que los grandes aristócratas sólo tenían presencia testimonial.

La gestión de los asuntos no estaba en manos de los nobles, a través de los Consejos, sino directamente en manos del Rey, que trataba cada asunto con el Secretario de Despacho.

La primera víctima fue el Consejo de Estado, que no tardó en quedar totalmente vacío de contenido. Luego, la centralización anuló otros consejos o redujo el personal que lo formaba. Se imponía la llamada “vía reservada”, es decir, la decisión directa del monarca.

De hecho, el Consejo de Estado se quejaba en 1706 de que “Este Consejo fue instituido para los más importantes negocios de paz y guerra de la monarquía, que siempre han corrido por él (…) y de mucho tiempo a esta parte se halla tan ajeno de los negocios como falto de la asistencia de sus ministros”.

Por tanto, se intentaba actuar de forma sutil, de cara al exterior nada había cambiado, los Consejos se reunían como siempre, los nobles seguían copando los cargos en los Consejos, pero en el día a día todo se decidía en el Despacho. Era condición necesaria que todo pareciese igual, para que todo cambiase. Así pues, el centro de poder se desplazó de los grandes aristócratas a la pequeña nobleza, de los consejos a los secretarios de Estado.  A partir de este punto se debía realizar un cambio radical en la administración del Reino.

Estos cambios, si bien se trataron de hacer disimuladamente, sirvieron de base jurídica para los Austracistas. Estos aseguraban que, puesto que Felipe V había modificado la forma de gobernar los reinos, esto suponía un incumplimiento del testamento de Carlos II (que ordenaba respetar las leyes e instituciones de cada reino), y por tanto los súbditos no tenían que obedecer a un Rey que había roto su palabra. La oposición de destacados miembros de la alta nobleza castellana a Felipe V, se explica por esta drástica reducción de su poder.

 

FELIPE V Y LA CORONA DE ARAGON. EL CASTIGO POR EL APOYO AUSTRACISTA.

El objetivo a largo plazo del gobierno central era la consecución de la igualdad fiscal entre los diferentes reinos, y garantizar que las regiones orientales contribuyeran a la monarquía según sus recursos y no en función de sus antiguos privilegios. En un primer momento, realizar este programa era muy complicado a nivel legal. Después de todo, Felipe V había jurado proteger dichos privilegios. Si embargo, el desarrollo de la Guerra de Sucesión dio a Felipe V el motivo perfecto para suprimir estos obstáculos.

A los ojos de Felipe V, las regiones orientales de la península eran rebeldes, habían roto el pacto de lealtad con su soberano, por lo que el Borbón quedaba desligado de su juramento de respetar las leyes de estos reinos.

Naturalmente, las Cortes de estos Reinos veían el asunto desde una óptica opuesta, era Felipe V el que había traicionado sus juramentos, por lo que estaban desligadas de su juramento de fidelidad al Rey.

Como sabemos, fue la guerra la que dictaminó el bando vencedor (los Borbones), que aprovecharon la oportunidad para acometer reformas en profundidad. A través de los “Decretos de Nueva Planta”, Felipe V reformó por la fuerza las instituciones de los reinos de la Corona de Aragón.

Fueron varios los Decretos de Nueva Planta que promulgó Felipe V: para Valencia (el más duro de todos), para Aragón, Cataluña y Baleares.  En todos ellos se intentaba, en la medida de lo posible, unificar las leyes de dichos territorios con las de Castilla. Dicha unificación no fue completa, pero supuso un cambio radical en las normas de los reinos afectados.

Prueba del carácter parcialmente vengativo de estos Decretos de Nueva Planta, es que el Reino de Navarra (siempre fiel a Felipe V), mantuvo sus fueros y Cortes intactas.

A través de estos movimientos, se introdujo la forma de gobierno llamada “Absolutista” en España, a imitación de Francia. Este movimiento político fue reproducido en toda Europa, así Austria, Prusia o Rusia vieron un incremento del poder del Rey en perjuicio de los demás poderes del reino. Había nacido la época del “Despotismo Ilustrado”.

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