1706, EL AÑO DE LAS DERROTAS BORBONICAS EN EUROPA

LA SITUACION A PRINCIPIOS DE 1706.

A comienzos de 1706, ambos bandos parecían estar en equilibrio tras cuatro años de agotadora guerra.

Si bien los Borbónicos (Francia, España y Baviera), habían perdido la iniciativa estratégica, tras la derrota francesa en Blenheim (Baviera), lo cierto es que se defendían bastante bien en Italia y en Flandes.

Hasta ese momento el motivo de la guerra era, para los aliados, obtener unas compensaciones y seguridades adecuadas por el ascenso de Felipe V al trono de España, y para los borbónicos mantener unidos bajo un mismo rey (Borbón por supuesto), los territorios de la Monarquía Hispánica.

Por tanto, la guerra estaba confinada a los territorios europeos de la Monarquía Hispánica (Flandes e Italia), con incursiones esporádicas a las costas españolas.

Sin embargo, con el ánimo de socavar la posición Borbónica, los aliados abrieron un nuevo frente desembarcando 17.000 soldados ingleses en Barcelona a finales del año de 1705. Rápidamente los territorios de la Corona de Aragón se sumaron al bando austracista.

En la guerra europea se produjeron dos acontecimientos importantísimos, que trajeron profundas consecuencias políticas y militares. Como hemos señalado, los teatros de guerra fundamentales eran Flandes e Italia.

LA SITUACION EN FLANDES. BATALLA DE RAMILLIES.

En Flandes, el 23 de mayo de 1706, el general inglés Marlborough aplastó al ejército francés, infligiéndole grandes pérdidas y poniendo en desbandada a los supervivientes. En cuestión de semanas, casi todos los Países Bajos Españoles (actual Bélgica) cayeron en poder de los aliados.  El infortunado general francés (Villeroi) declaró que nunca más tendría un día feliz en su vida, salvo el de su muerte.

Como consecuencia de lo anterior, hubo que retirar tropas francesas de todos sitios, lo que provocó el debilitamiento militar de Francia en todos los demás frentes.

LA SITUACION EN ITALIA. BATALLA DE TURIN.

En Italia, el 7 de septiembre, el general imperial Eugenio de Saboya derrota al ejército francés en Turín. Esto provoca la desbandada de dicho ejército, y literalmente acaba la guerra de sucesión en territorio italiano. A partir de este momento, el Imperio puede dictar su política en los territorios españoles en Italia (Nápoles y Milán), y los franceses han de contentarse con defender sus fronteras.

Con esta victoria se liquidan más de doscientos años de presencia española en Italia, a partir de entonces el Imperio tomaría el testigo como potencia predominante en la zona.

 

CONSENCUENCIAS DE LAS VICTORIAS.

Como consecuencia de lo anterior, la Guerra de Sucesión, tal y como estaba planteada en un inicio, estaba ganada por los aliados de la Liga de la Haya, que habían logrado sus objetivos:

Holanda: al haber ocupado las fortalezas de los Países Bajos Españoles, tenía el Estado colchón entre su territorio y Francia.

Inglaterra: Tenía Gibraltar, había contenido a Francia y podía obtener ventajas comerciales importantes.

El Imperio: Si bien no había conseguido colocar al Archiduque Carlos en el trono español, tenía como compensación Milán, Nápoles y los Países Bajos.

Sin embargo, el incienso de la victoria nubló las mentes de los estadistas, y pretendieron un “todo o nada” en las negociaciones. Las condiciones que quisieron imponer a Luis XIV eran inaceptables: además de todo lo anterior, exigieron que Felipe V renunciase al trono español en dos meses y, para mayor escarnio, que Luis XIV le obligase por la fuerza si se negaba.

De hecho, Luis XIV llegó incluso a estar dispuesto a permitir que el Archiduque se quedase con el trono de España, en perjuicio de su nieto Felipe V, a cambio de que a este se le entregase Nápoles como compensación. Ni esto aceptaron las potencias aliadas.

El lema inglés “¡No hay paz sin España!” resume este sentimiento. Como consecuencia de todo ello, la guerra se prorrogaría ocho largos años más, para que al final cada parte obtuviese lo que muy bien podían haber logrado en 1706.

En definitiva, 1706 fue un año desastroso para los Borbones en Europa, cuyas catastróficas derrotas llenaron de oscuridad la Corte de Versalles. Únicamente desde España se filtraba una pequeña luz de esperanza para la causa borbónica.

 

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